Madrugada y mañana de un un dìa en el que I...N...L... y S...S... regresan de su luna de miel, esa misma noche vuelven a salir junto a D...L...R... y V...C.
Byagoona la no-rostridad de mi muerte, tercer ojo de Nadine, mi nueva personalidad, mis nuevos futuros, de modo que la Habitaciòn Roja que yo atravieso un momento antes de ir a vestirme para salir, parece un prisma que descompone los colores de la luz exterior, una colmena donde se hallan disociadas aùn, desparramadas Judy y Josie. Yo, muy contento por el paseo que me espera, tarareo una de las ùltimas canciones que he oìdo y ando arriba y abajo esperando dar un salto a la muy cargante dimensiòn de Yuggoth, yèndome luego del almuerzo a esconderme en una playa cercana o a visitar algùn lugar de los alrededores. Me limito por el momento a estas fechas que reconozco a travès de la reja de lenguaje de un calendario: el dìa, el mes, el año. Laura Palmer y Donna Hayward plegadas, tibias, trèmulas, de una claridad siempre dispuesta emprender el vuelo van a calentar, como un baño, el cuadradito de alfombra que cae delante de la ventana del patio y realizan el encanto y la complejidad de la decoraciòn mobiliaria de la Logia Negra, quitando a los sillones su corteza de seda floreada y su pasamanerìa.
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